Hoy me di cuenta que ya no (le)
escribo seguido como antes, que su foto ya no es el fondo de pantalla de mi
celular y que ya no miro al cielo esperando obtener alguna respuesta. Después
de tres años y algunos meses me di cuenta que las cosas siguen su curso y mi
vida no se detuvo en ese día, que aunque con sólo recordar esa llamada y los
minutos que le siguieron mi mundo pone “Pausa”, yo sigo acá.
Creo que recién ahora entiendo lo que realmente
significa el saber que una persona vive dentro de uno; saber que no importa dónde
o con quién esté, él está conmigo. Que ni esa llamada, ni los minutos agónicos
siguientes, ni el viaje agotador, ni el no haber podido darle un beso de
despedida importan; saber que es inmortal, que cada sonrisa suya es mi tesoro,
que el verdadero amor va más allá del tiempo, la distancia y la muerte.
Tengo que admitir que aún hoy me cuesta decir “era”,
después de mencionarlo… Pero me niego a hablar en pasado. ¿Qué saben los demás?
Él no era, él es. Es mi tío, el
hombre con la sonrisa más bonita del mundo y los ojitos más transparentes que
conocí. Es mi ángel, mi para siempre…
Porque este amor que siento, todo esto que llevo conmigo guardado, es para toda
la vida.
Y ya ven… No es tan fácil escribir sabiendo que
no hay forma de que él sepa cuánto lo amo pero necesito hacerlo. ¿Podrá, desde
donde esté, ver todo lo que (su partida) provoca en mí?
…Ojala pudiera abrazarte una vez más…
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