16/7/11

La anciana Sombra

-          ¿Vieja Kush no temía partir con la muerte?
-          Nada de miedo le tenía –dijo Wilkilén-. Ni un poquito así de miedo. La mañana del día que se marchó, me llevó bajo el nogal que crece a mitad de camino entre mi casa y el bosque. Allí me estuvo hablando para que después yo no llorara.
-          ¿Puedes recordar lo que dijo?
-          Claro –asintió Wilkilén-. Me dijo de entender a la hermana muerte.
-          ¿Podrías, por favor, contármelo?
-          ¿Tú no entiendes a la muerte?
-          A veces creo que no –respondió la anciana.
Ven, Wilkilén, siéntate a mi lado –le había dicho Vieja Kush-. Voy a contarte de una que, a partir de esta noche, será mi hermana  y compañera eterna. No te asustes cuando escuches su nombre; ni la culpes por hacer lo necesario. ¿Conoces a alguien a quien le agrade comer manzanas que pendan años y años de los árboles? Tampoco lo conozco yo. Y dime, ¿Cómo nacerían manzanas nuevas si las que ya cumplieron con lo suyo no dejaran sitio en las ramas? ¿Podríamos tú y yo ser viejas al mismo tiempo? ¿Quién le enseñaría a quién? La hermana muerte carga con una tarea que todos comprenden pero pocos perdonan. Sin ella, los hombres no mirarían al cielo en las noches claras. Tampoco cantarían. Sin ella, no existirían ni el suspiro ni el deseo. Sin ella, nadie en este mundo se ocuparía de ser feliz.
Fragmento  de "Los días de la sombra" de Liliana Bodoc

13/7/11

Y en flashbacks de celos aún siguen llegando 
las frases que nunca debió haber leído…

12/7/11

¿Dónde van las palabras que no se dijeron?

¿Sabes a dónde van las palabras que no se dijeron? ¿A dónde va lo que querés hacer y no haces? ¿A dónde va lo que querés decir y no decís? ¿A dónde va lo que no te permitís sentir? Nos gustaría que lo que no decimos caiga en el olvido, pero lo que no decimos se nos acumula en el cuerpo, nos llena el alma de gritos mudos. Lo que no decimos se transforma en insomnio, en dolor de garganta. Lo que no decimos se transforma en nostalgia, en destiempo. Lo que no decimos se transforma en deber, en deuda, en asignatura pendiente. Las palabras que no decimos se transforman en insatisfacción, en tristeza, en frustración. Lo que no decimos no muere, nos mata. Lo que no decimos se transforma en trauma, en veneno que mata el alma. Lo que no decís te encierra en el pasado. Lo que no decimos se transforma en herida abierta.