22/11/11

Otra vez, aire libre

           Cuando llegó, se quedó inmóvil frente a la puerta; en silencio por fuera y por dentro.Bor estaba conociendo el tormento. Bor estaba aprendiendo que la culpa espesa la propia sangre. Se carga el hombre a sí mismo; se carga sin amor y sabe que ni vivir ni morir le traerá reposo.
Así estaba Bor, detenido frente al observatorio de Zabralkán, sin poder reencontrarse ni con su lengua; porque su misma voz le daba náuseas. Y sin embargo, con su voz tenía que hablar.
Bor había aprendido gestos sosegados. Las intemperancias y las exaltaciones no le eran familiares. Por eso, ni siquiera podía llorar, clamar a gritos perdón o castigo, abrir los brazos y alzar la cabeza. Bor no sabía hacerlo. Había llevado la arrogancia con modos austeros; y del mismo modo llevaba el padecimiento. Abrió la puerta y entró.
-Es mejor así –dijo Bor.
            El observatorio de Zabralkán estaba repleto de burbujas. Detrás de ellas, se oía la risa divertida del anciano:
            -Ve a reunirte con las demás…¡Vamos! ¡No temas ser perfecta!
            -Hermano Zabralkán, aunque ya no puedas entenderme es mi deber y deseo hablar contigo antes que con nadie –dijo Bor. Y caminó hasta el lecho de Zabralkán atravesando burbujas.
            -¿Qué sucede contigo? –preguntó Zabralkán malhumorado-. ¿Siempre caminas hacia donde deseas sin fijarte lo que destruyes a tu paso?
            -Ya ves –respondió Bor-. Tanta fue tu sabiduría que aun en la locura dices las palabras más acertadas. ¡Sipudieras regresar de tu vejez!
            Zabralkán batía el agua espumosa con el aro de jade como si ninguna otra cosa le importara.
            -Debes mover el agua de tanto en tanto para que no pierda la densidada propiada –el anciano alzó el aro de jade-. ¡Así está muy bien!
            -Fui traidor contra todo lo que amo –dijo Bor-. Sin pretenderlo, desmalecé el camino del Odio Eterno. Y ahora ya es tarde…
            Zabralkán tuvo que esforzarse para disimular el sobresalto.
            -¿Te conozco? –preguntó.
            -Tal vez mejor que nadie.
            -Tal vez…, tal vez –murmuró Zabralkán. Y continuó jugando.
            -¿En qué me he transformado…? –musitó Bor.
            -Mira las burbujas –dijo Zabralkán-. No son agua, ni aire. Sólo son apariencias.
           
            Bor miró a su hermano con atención. Nunca, hasta ese momento, había sospechado que Zabralkán pudiese estar fingiendo. ¡Pero, aquellas palabras…!
            -Creo que estoy intentando sospechar lo que, en verdad, deseo –Bor desestimó lo que acababa de pensar-. Sin embargo, ¡cómo quisiera que pudieras explicarme lo terrible que ocurrió con mi espíritu!
            Zabralkán no cesaba de soplar el aro de jade.
            -Míralas– dijo, dirigiéndose a Bor-. Transparentes, inmaculadas, perfectas… Y, por eso mismo, engañosas, fatuas y pasajeras.
            -Continúa, anciano –pidió Bor-. Sin saberlo estás hablando para mi dolor…
            Pero Zabralkán no deseaba hablar sino escuchar lo que Bor tenía para decir. Y buscó el modo de facilitarle las cosas:
            -Tú, seas quien seas, ¿podrías entretenerme con algún buen relato?
            Bor pensó que sería menos doloroso contar su culpa si, tal como Zabralkán se lo acababa de pedir, la transformaba en cuento.

[…] Lo que Zabralkán estaba escuchando era demasiado, demasiado terrible y demasiado bueno como para mantenerse quieto. Soplaba y soplaba burbujas, revolvía y revolvía el agua haciendo chocar el aro de jade contra las paredes de la vasija. Pero todavía no debía abandonar el fingimiento. Antes de eso debía saber con claridad qué cosas anidaban dentro de Bor.
            Como si hubiese escuchado su deseo, Bor se quitó el alma y la puso delante del anciano. Y el alma de Bor habló como lo hacen todas las almas, con un orden distinto al de las palabras:
            -Perdón. ¿Puedo pedirlo? Más torpe sería, y estaría más embrutecido… ¡No es así! ¡No me dejes seguir mintiendo, lengua mía! Ni torpeza, ni embrutecimiento. ¡Arrogancia, eso sí! Me adularon y yo los escuché. Sucedió lo que tú, Zabralkán, siempre me advertiste. Vuelve a decírmelo, hermano… Dime: “Oye las adulaciones…” ¡Vuelve a decírmelo como si el tiempo estuviera atrás! “Oye las adulaciones y acabarás enredado en tus propias vestiduras.” Perdón, temo pedirlo y que me lo concedan… ¿Cómo hace el culpable para vivir con el perdón a cuestas?

Fragmento de "Los días de la Sombra" de Liliana Bodoc

16/7/11

La anciana Sombra

-          ¿Vieja Kush no temía partir con la muerte?
-          Nada de miedo le tenía –dijo Wilkilén-. Ni un poquito así de miedo. La mañana del día que se marchó, me llevó bajo el nogal que crece a mitad de camino entre mi casa y el bosque. Allí me estuvo hablando para que después yo no llorara.
-          ¿Puedes recordar lo que dijo?
-          Claro –asintió Wilkilén-. Me dijo de entender a la hermana muerte.
-          ¿Podrías, por favor, contármelo?
-          ¿Tú no entiendes a la muerte?
-          A veces creo que no –respondió la anciana.
Ven, Wilkilén, siéntate a mi lado –le había dicho Vieja Kush-. Voy a contarte de una que, a partir de esta noche, será mi hermana  y compañera eterna. No te asustes cuando escuches su nombre; ni la culpes por hacer lo necesario. ¿Conoces a alguien a quien le agrade comer manzanas que pendan años y años de los árboles? Tampoco lo conozco yo. Y dime, ¿Cómo nacerían manzanas nuevas si las que ya cumplieron con lo suyo no dejaran sitio en las ramas? ¿Podríamos tú y yo ser viejas al mismo tiempo? ¿Quién le enseñaría a quién? La hermana muerte carga con una tarea que todos comprenden pero pocos perdonan. Sin ella, los hombres no mirarían al cielo en las noches claras. Tampoco cantarían. Sin ella, no existirían ni el suspiro ni el deseo. Sin ella, nadie en este mundo se ocuparía de ser feliz.
Fragmento  de "Los días de la sombra" de Liliana Bodoc

13/7/11

Y en flashbacks de celos aún siguen llegando 
las frases que nunca debió haber leído…

12/7/11

¿Dónde van las palabras que no se dijeron?

¿Sabes a dónde van las palabras que no se dijeron? ¿A dónde va lo que querés hacer y no haces? ¿A dónde va lo que querés decir y no decís? ¿A dónde va lo que no te permitís sentir? Nos gustaría que lo que no decimos caiga en el olvido, pero lo que no decimos se nos acumula en el cuerpo, nos llena el alma de gritos mudos. Lo que no decimos se transforma en insomnio, en dolor de garganta. Lo que no decimos se transforma en nostalgia, en destiempo. Lo que no decimos se transforma en deber, en deuda, en asignatura pendiente. Las palabras que no decimos se transforman en insatisfacción, en tristeza, en frustración. Lo que no decimos no muere, nos mata. Lo que no decimos se transforma en trauma, en veneno que mata el alma. Lo que no decís te encierra en el pasado. Lo que no decimos se transforma en herida abierta.

14/6/11

Sonrisas

Lo que más se extrañan son las sonrisas. Cada sonrisa es especial, tiene su propia luz y jamás encontré una igual a la otra… Es lo que nos distingue como personas.
Creo yo que no hay sonrisa como la de mi mamá, tan sincera; ni como la de mi hermana, tan radiante… Ni como la de mi ahijado, tan contagiosa.
Hoy el día está gris y las canciones me recuerdan personas, situaciones, sonrisas que hoy me gustaría volver a ver. Brilló tu alma cuando nació canta el Pato Fontanet e instantáneamente viene a mi cabeza la carcajada de Ale, tan tierna y que al sólo verla/escucharla se dibuja en mi cara una sonrisa gigante. Pero hoy, a 800 km. de él y más de cinco meses sin verlo, siento cómo los ojos se me llenan de lágrimas al recordar su carita y no poder tenerla acá conmigo; necesito alegría, ver los ojos de alguien brillosos y una sonrisa enorme y sólo pienso en él… Y en mi tío.
Quizás es porque las nubes hoy no me dejan ver el sol, porque hace días que no veo las estrellas… Porque es tan grande la tristeza que tengo que sólo la puede llenar una sonrisa. Cómo extraño cuando te reías, tío… Nunca pude encontrar una sonrisa como la tuya y dudo poder hacerlo, tenías algo único en la cara, cuando sonreías se transformaba. Definitivamente, no es bueno escuchar canciones que me recuerden a vos mientras viajo en colectivo un día sin color, tan vacío, tan insípido.
Hoy extraño sus sonrisas, sus carcajadas y el efecto que provocaban en mí…
Necesito una sonrisa que le de color a mi día… A mi vida.

9/6/11

La princesa busca marido

“Sabes madre, me enteré que me había visto, me enteré que me había elegido, me enteré que le había dicho a su padre que se iba a casar conmigo y a pesar de esto no fue capaz de evitarme una sola noche de dolor; pudiendo hacerlo, no pudo evitarme una sola noche de sufrimiento. Alguien que no es capaz de evitarte una noche de sufrimiento no merece mi de amor, ¿Verdad, mamá?”

Cuando estás en una relación y te das cuenta que pudiendo evitarte una migaja de sufrimiento el otro no lo hace es porque todo se ha terminado.

31/5/11

Fragmento de "El camino de la autodependencia"


Es mi responsabilidad apartarme de lo que me daña. Es mi responsabilidad defenderme de los que me hacen daño. Es mi responsabilidad hacerme cargo de lo que me pasa y saber mi cuota de participación en los hechos.

Tengo que darme cuenta de la influencia que tiene cada cosa que hago. Para que las cosas que me pasan me pasen, yo tengo que hacer lo que hago. Y no digo que puedo manejar todo lo que me pasa, sino que soy responsable de lo que me pasa, porque en algo, aunque sea pequeño, he colaborado para que suceda.
Yo no puedo controlar la actitud de todos a mi alrededor, pero puedo controlar la mía. Puedo actuar libremente con lo que hago.
Tendré que decidir qué hago. Con mis limitaciones, con mis miserias, con mis ignorancias, con todo lo que sé y aprendí, con todo eso, tendré que decidir cuál es la mejor manera de actuar. Y tendré que actuar de esa mejor manera.
Tendré que conocerme más para saber cuáles son mis recursos.
Tendré que quererme tanto como para privilegiarme y saber que ésta es mi decisión.

Y tendré, entonces, algo que viene con la autonomía y que es la otra cara de la libertad: el coraje. Tendré el coraje de actuar como mi conciencia me dicta y de pagar el precio.

Tendré que ser libre aunque a vos no te guste.
Y si no vas a quererme, así, como soy;
Y si te vas a ir de mi lado, así como soy;
Y si en la noche más larga y más fría del invierno
me vas a dejar solo y te vas a ir...
Cerrá la puerta, ¿Viste? Porque entra viento.

Cerrá la puerta. Si ésa es tu decisión, cerrá la puerta.
No voy a pedirte que te quedes un minuto más de lo que quieras. Te digo: Cerrá la puerta, porque yo me quedo y hace frío.

Y ésta va a ser mi decisión.
Esto me transforma en una especie de ser inmanejable.
Porque los autodependientes son inmanejables y sabemos que no hay nadie que los pueda manejar.
Porque a un autodependiente lo manejás solamente si él quiere, con lo cual, no es manejable, no estás manejándolo; él está manejando la situación, el se está manejando a sí mismo.”

28/4/11

Nos hicieron creer

“Nos hicieron creer que el ‘gran amor’ sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado. Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta.

Las personas crecen a través de la gente. Si estamos en buena compañía, es más agradable.

Nos hicieron creer en una fórmula llamada ‘dos en uno’: dos personas pensando igual, actuando igual, que era eso lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene nombre: anulación. Que sólo siendo individuos con personalidad propia, podremos tener una relación saludable.

Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos. Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados.

Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos, y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad. No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes, y que podemos intentar otras alternativas. Ah, tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir todo esto.

Cada uno lo va a tener que descubrir solito. Y ahí, cuando estés muy ‘enamorado de vos, vas a poder ser muy feliz y te vas a enamorar de alguien.

Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor… Aunque la violencia se practica a plena luz del día.”

Jhon Lennon

21/4/11

“Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan."
Manual del guerrero de la luz, Paulo Coelho

18/4/11


Bella: ¿Sam abandonó a Leah por Emily?
Jake: No fue así. Sam se detesta  a sí mismo por lastimar a Leah, pero Emily era su destino.
Bella: Sí, a veces te escoge a ti…
Jake: Es más que un capricho. Sam se imprimió en Emily.
Bella: ¿Siquiera sé  de qué hablas?
Jake: Imprimirse en alguien es como… Cuando tú la ves, todo cambia; no es la gravedad lo que te mantiene aferrado al planeta, es ella. Lo demás no importa...
Harías cualquier cosa, serías cualquier cosa por ella.

7/1/11

Ser o estar

Nunca entendí a los yanquis. Para ellos, ser y estar se dice igual: to be. ¿Pero es lo mismo ser que estar? ¿Estar comprometido es lo mismo que ser comprometido? ¿Estar consciente es lo mismo que ser consciente? ¿Ser maldito es lo mismo que estar maldito? ¿Es lo mismo ser engañado que estar engañado? ¿Es lo mismo ser que estar? ¿Estar loco es lo mismo que ser loco? ¿Estar despierto es lo mismo que ser despierto? ¿Estar aburrido es lo mismo que ser aburrido? Ser o no ser, esa es la cuestión. Pero no, esa no es la cuestión, porque ser y estar no puede ser lo mismo. Sí, claro se dice igual. Pero depende el contexto cómo esté utilizado quiere decir una cosa o la otra, Morales. Claro el contexto, ¿no? Porque ser idiota no es lo mismo que estar idiota por alguien. Sí, uno puede estar triste, pero ser una persona triste es otra cosa, porque si vos estás triste se te va a pasar, pero si sos un pobre tipo o una pobre mira patética y triste, eso es para siempre. Estar seguro no es lo mismo que ser seguro, ¿no? No es lo mismo estar resentido que ser resentido. Pero si estás resentido, ¿no será porque de alguna forma lo sos? ¿Es lo mismo ser inseguro que estar inseguro? Estar inseguro es no tener certezas, pero ser inseguro es tener la certeza de que no valemos. Estar impactados no es lo mismo que ser impactados, pero a veces ¡Cuánto se parecen! Estar idiota uno se lo banca, pero ser idiota, no. Telón.  Uno quiere ser, quiere ser el amor de alguien, el sueño de alguien, uno quiere ser alguien en la vida de esa persona que ama. Ese deseo de ser nos puede confundir, no dejarnos ver que no somos, sino que estamos transitoriamente en la vida de alguien.