16/7/11

La anciana Sombra

-          ¿Vieja Kush no temía partir con la muerte?
-          Nada de miedo le tenía –dijo Wilkilén-. Ni un poquito así de miedo. La mañana del día que se marchó, me llevó bajo el nogal que crece a mitad de camino entre mi casa y el bosque. Allí me estuvo hablando para que después yo no llorara.
-          ¿Puedes recordar lo que dijo?
-          Claro –asintió Wilkilén-. Me dijo de entender a la hermana muerte.
-          ¿Podrías, por favor, contármelo?
-          ¿Tú no entiendes a la muerte?
-          A veces creo que no –respondió la anciana.
Ven, Wilkilén, siéntate a mi lado –le había dicho Vieja Kush-. Voy a contarte de una que, a partir de esta noche, será mi hermana  y compañera eterna. No te asustes cuando escuches su nombre; ni la culpes por hacer lo necesario. ¿Conoces a alguien a quien le agrade comer manzanas que pendan años y años de los árboles? Tampoco lo conozco yo. Y dime, ¿Cómo nacerían manzanas nuevas si las que ya cumplieron con lo suyo no dejaran sitio en las ramas? ¿Podríamos tú y yo ser viejas al mismo tiempo? ¿Quién le enseñaría a quién? La hermana muerte carga con una tarea que todos comprenden pero pocos perdonan. Sin ella, los hombres no mirarían al cielo en las noches claras. Tampoco cantarían. Sin ella, no existirían ni el suspiro ni el deseo. Sin ella, nadie en este mundo se ocuparía de ser feliz.
Fragmento  de "Los días de la sombra" de Liliana Bodoc

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